Especiales de Obdulio

Un ‘Maestro’ del fútbol uruguayo

A principios del Siglo XX, un “Maestro” marcó las canchas del fútbol uruguayo y sudamericano. Supo vestir La Celeste 40 veces entre 1909 y 1923, convirtiéndose en la primera leyenda de nuestro balompié.

“Pude cachetear la pelota, baja y con efecto, y así eludí a los dos backs. Ya frente casi a Wilson, volví a pasársela por encima de su cabeza, señalando el gol. Y fue entonces que, mientras el público delirante aplaudía el tanto, Jorge Brown se me acercó y dándome la mano me dijo: ‘Has hecho dos goles dignos de un maestro del fútbol. Muchacho, sos un maestro'”.

Jorge Brown era el capitán de la selección argentina.

Se ganó ese “título” con sólo 21 años, y difícilmente alguien lo llamara por su nombre después de aquella tarde de Octubre de 1911 donde le hiciera 2 de sus 17 goles a la selección argentina a lo largo de su carrera.

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Con virtudes y defectos, fue la expresión máxima del amateurismo, en contraste con otras figuras que empezaban a jugar al fútbol por dinero.

No fue ni centrojás ni back, fue delantero y de los talentosos:

José “El Maestro” Piendibene

Algo que he aprendido con los años es que los mejores jugadores son aquellos que hacen las cosas con simpleza, y Piendibene, según cuentan, completaba sobradamente esa característica.

Es curioso leer como personas que nacieron casi en paralelo a la introducción del football en Uruguay, Piendibene nació en 1890, lograron dominar tanto el deporte que parecían educados en los mejores campos de entrenamiento del mundo.

Y algo de eso debe haber, pues los campitos de principios del Siglo XX eran semilleros de fenómenos que pasaban horas practicando el sport que vino en los barcos británicos y atrapó a los criollos para toda la vida.

Le pegaba a la pelota con efecto, casi como a una bola de billar, y sus movimientos lentos hacían creer que siempre iba a perder la pelota cada vez que la agarraba. Su habilidad le permitía dominar su cuerpo, y de alguna forma la mente del rival que pensaba que quitarle el balón sería un mero trámite de fuerza física, quedándo en ridículo ante los toques y recortes cadenciosos de El Maestro.

Fue así que mientras se sacaba de encima rivales como moscas molestas de verano a puro caderazo, fue descubierto jugando por el Buenos Aires, un equipo de barrio, como tantos.

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A los 17 años fue fichado por el CURCC, y jamás pidió pase para otro equipo hasta su retiro en 1928, jugando por Peñarol.

Se lo describe como un jugador alto para la época, 1.78m, rostro serio, imperturbable a las emociones. Fuera de la cancha era silencioso, más bien tímido, pero al entrar a jugar se transformaba en un exigente compañero que mandaba, ordenaba y aconsejaba, imponiendo su estampa ante los suyos y los rivales.

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Debutó en la selección uruguaya en 1909 (tenía 19 años) contra Argentina, y anotó su primer gol a los 5 minutos de su segundo partido, en Mayo de 1910 contra Chile, partido que recordamos en el post Antes de La Celeste.

Como suele suceder con los jugadores talentosos que entienden los deportes colectivos como tal, Piendibene se destacaba también en ese rubro, declarando alguna vez:

“Sostengo con toda firmeza que se puede y se debe hacer juego de conjunto, por cuanto esto es una virtud del fútbol y además le da belleza al popular juego”.

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Uruguay campeón, Copa América 1920.

Fue uno de los 11 jugadores que por primera vez vistieron la camiseta celeste el 15 de Agosto de 1910, y por si fuera poco anotó el primer gol de la historia de la Copa América en 1916, en el recordado partido contra los chilenos que denunciaron a Uruguay por jugar con “africanos”.

El football como deporte en pleno surgimiento, permitió que varios players “inventaran” jugadas o combinaciones que trascendieran en el tiempo. Piendibene no estuvo ajeno al menú de las innovaciones, imponiendo la cachetada, un golpe con efecto donde la pelota cambiaba de dirección, o el pase muleta, que consistía en poner la pierna rígida para dar un pase o tiro de primera, con efecto incluído, traicionero para defensas y goleros.

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En sus 40 partidos con la selección anotó 20 goles y se consagró campeón sudamericano en 1916, 1917 y 1920.

Cuando se ve su palmarés a nivel local, su figura se agiganta aún más, pues ha sido considerado uno de los mejores de su época “apenas” ganando 4 campeonatos de la Asociación (1911, 18, 26 y 28) y 1 de la Federación en 1924.

El partido podría ser una final o un amistoso, y Piendibene siempre jugaba para ganar, pues “a eso vinimos”, decía.

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Los campeones de 1916. Piendibene, el tercero de pie desde la izquierda.

Trascendió las fronteras de su equipo y se ganó uno de los mayores reconocimientos: el respeto y admiración de sus rivales.

Jugó más de 450 partidos, convirtiendo 227 goles entre partidos oficiales y amistosos internacionales. Fue invitado a participar de la selección Olímpica de 1928, pero al igual que una gira que hizo Peñarol en 1927, prefirió quedarse en Montevideo.

La historia que cierra este post sobre Piendibene refuerza un concepto que hemos intentado destacar desde el momento que se nos dio por esto de estudiar sobre la historia de nuestro fútbol, y en especial el estilo de juego.

“La nuestra”, el “estilo uruguayo”, distaba mucho de lo que nos han querido hacer creer sobre el contragolpe, la defensa férrea y el gesto adusto como única vía posible para enfrentar a las potencias:

EL GOL A ZAMORA

El Deportivo Español de Barcelona (actual Espanyol) andaba de gira por Sudamérica en 1926, y fue el turno para medir fuerzas en el país del vigente Campeón Olímpico. En sus filas contaban con el afamado golero Ricardo “el divino” Zamora, o “el imperforable”..

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El trofeo “Zamora” al mejor golero de la Liga española es en honor a este arquero.

El primer partido lo jugaron contra Nacional en el Parque Central, a quien vencieron 1 a 0. Ese triunfo fue considerado una hazaña para los españoles. No era para menos, pues Nacional tenía en su equipo a varios de “los olímpicos”.

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Cuatro días más tarde el Parque Central volvió a llenarse, ésta vez para ver jugar a los españoles contra Peñarol, en un clima de revancha.

El primer tiempo, al igual que el partido anterior fue duro, jugado con mucha pierna fuerte, y se fueron a los vestuarios empatados a cero.

Piendibene a esa altura de su carrera había perdido pelo, ganado algún kilo, pero su calidad en el juego y voz de mando estaban intactas. Es así que mantuvo el silencio en el vestuario hasta que llegó la hora de hablar:

“De la manera que estamos jugando no podemos ganar. Hay que volver a lo nuestro, hay que hacerles sentir el dominio de la pelota, nuestra principal virtud”.

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Probablemente ésta sea una versión edulcorada por el tiempo de aquella charla en el vestuario, pero a mi entender adquiere verosimilitud de momento que no aparece “la lucha”, “el meter” o el “somos más hombres” dentro de los conceptos. Una demostración más de “la nuestra” en su estado puro.

Pero los rivales también juegan, y el dominio del partido era de los españoles, que cerraditos atrás le complicaban la vida a los uruguayos, impidiéndoles la llegada al arco.

Faltando 15 minutos Anselmo recibió en posición de “10” y se sacó de arriba a un par de rivales con su dribbling endiablado ganando metros.

“Al ver que ganaba el campo de tal manera, yo fui tratando de ponerme cerca suyo para recibir en el momento oportuno el pase (…), el trabajo en sí había sido de Anselmo.”

Pero Anselmo cruzó la pelota por derecha y corrió en cortada buscando la devolución. El área estaba cerca.

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La devolución fue casi de primera, pero Anselmo se detuvo al escuchar el “dejala” de Piendibene, deteniéndose en la carrera, dejando correr la pelota. El área estaba liberada, y entre El Maestro y el gol sólo quedaba “El Divino” Zamora.

El momento esperado por todo el Parque Central había llegado, y el público dejó a los jugadores en el más absoluto silencio, casi sin molestar a las dos figuras que se enfrentaban.

“Adiviné, más que vi, que me salía Zamora a cerrarme los 3 palos. Vaciló una fracción de segundos. Ese fue su error”.

Piendibene aprovechó ese momento para abrirse y ganar ángulo. Luego de hamacar el cuerpo y amagar, El Maestro sacó uno de sus tiros predilectos, con efecto, suavecito. Zamora se rehizo, y se estiró lo más que pudo en procura de la pelota, que inevitablemente se metió mansa en uno de los arcos del Parque Central.

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El fútbol uruguayo ha tenido a un Maestro dirigiendo a la selección nacional en los últimos 13 años, siendo de las figuras más reconocidas y respetadas a todo nivel. Su título se lo ganó estudiando magisterio, mientras jugaba al fútbol en primera división como un jugador más.

Hace más de 100 años, Uruguay tuvo un Maestro que se destacó por su nivel de juego, calidad técnica y respeto al rival. Su título de Maestro, se lo ganó en la cancha, y el diploma se lo dio su rival.

 

Obdulio recuerda,

Obdulio son los Padres

 

Obdulio citas sus fuentes:

Las citas utilizadas para este post fueron transcriptas del libro “Historia de Peñarol” de Luciano Álvarez, Ediciones Aguilar, 2016.

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