Especiales de Obdulio

COLOMBES 1924 – Parte IV

Llega el momento de saltar a la cancha y Uruguay se planta firme en suelo europeo. Aquellos esforzados atletas celestes no jugaban de contragolpe, ni “limitando al rival” con gesto adusto.

El verdadero estilo uruguayo, una mezcla de técnica, táctica y fuerza sorprendió en Francia y maravilló a los espectadores es contado por nuestro protagonista en un nuevo post de los olímpicos.

CAPITULO VI – URUGUAY vs YUGOESLAVIA

Lunes 26 de Mayo – Estadio de Colombes

El domingo 25 las 20:00hs me encontraba frente a la formación que me llevaría hasta Marsella bordeando la costa, de ahí hasta Lyon y si todo salía bien estaría en el estadio de Colombes antes de las 16:00hs para ver el partido el lunes.

El viaje fue agotador pero por suerte las escalas funcionaron perfectamente. El deterioro aún presente en algunas de las vías férreas había enlentecido el paso en tramos que cuando viajé en sentido contrario no lo noté porque dormía profundamente.

El estadio de Colombes tenía una capacidad para 45.000 espectadores y supuse que mi esfuerzo había sido en vano pues al llegar no encontraría ubicación. Aún con mi maleta de mano, el protafolio y el tubo de planos, llegué al predio olímpico en un clima de absoluta tranquilidad.

Tal vez me había excedido en mis precauciones, pero estaba seguro que el partido empezaría en 10 minutos. Allí no había nadie.

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Quise repetir mi costumbre y ubicarme detrás del arco de Mazzali, pero seguramente la pista de atletismo que rodeaba la cancha me dejaría demasiado lejos para ver el partido, así que preferí cambiar y me fui a la tribuna principal.

Al ingresar al estadio, podría decir a ojo de buen cubero que en Colombes habíamos unas 3.000 personas. No muy lejos pude ver a Odriozola junto a otros dirigentes así que me arrimé a los presentes y me dispuse a ver el partido con ellos.

Le pregunté al vasco si estaba nervioso y su respuesta fue contundente: “voy por el décimo cigarrillo desde que llegamos”.

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En la cena que compartí con ellos en la Villa Olímpica los jugadores me comentaron que se comprometieron a no ser eliminados en el primer partido. En realidad, el equipo había logrado 9 triunfos al hilo en una gira previa por España y tenían muy claro su potencial. Habían logrado captar la atención de miles de personas que llenaron estadios para verlos.

A París esas noticias nunca llegaron.

Para poner un poco de contexto, el Comité Olímpico Internacional junto a la FIFA decidieron que el fútbol se disputara en el sistema de “Copa”, es decir, partidos de eliminación directa hasta llegar a la final. El que pierde queda eliminado.

Odriozola había venido con los jugadores el día anterior donde los equipos se presentaron en la inauguración del fútbol. Se quedaron a ver el partido en el que Italia eliminó a España por 1 a 0 y notaron claramente que el nivel de los nuestros era superior.

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Me comentó que el estadio se había llenado y le sorprendía que nadie se haya interesado para ver el partido de hoy.

Nuestra ubicación era cercana a la cancha y se podía notar los gestos de molestia de nuestros jugadores. Héctor Scarone miró a Nasazzi y señalando a la bandera izada en uno de los mástiles destinados a los países competidores le dijo “ya van a aprender como se pone la bandera”.

Los franceses la habían izado con el sol para abajo.

Para completar el panorama adverso, el Himno Nacional fue sustituido por una música brasileña que nos irritó tanto como a los jugadores. Nasazzi ya no sabía como contener a sus compañeros que empezaron a moverse como para jugar sin respetar “el himno”.

Uruguay presentó en la cancha al golero Andrés Mazalí; Nasazzi y Tomassina eran los backs, mientras que la línea media la componían Andrade, Vidal y Ghierra; los wings eran Santos Urdinarán y Angel Romano, mientras que el ataque lo completaban Héctor Scarone, Pedro Petrone y el vasco Cea.

La selección yugoeslava era muy bien considerada por la crítica y salía a la cancha como favorita. Nosotros teníamos muy claro que eso no era real.

Los 11 rivales fueron Dragutin Vrđuka; Stjepan Vrbančić y Eugen Dasović; Mare Marjanović, Janko Rodin y Rudolf Rupec; Dragutin Babić, Dušan Petković, Emil Perška, Vladimir Vinek y Eugen Placeriano.

Yugoeslavia fue el encargado del puntapié inicial, y les aseguro que fue el momento en que tuvieron más tiempo la pelota.

Los nuestros se fueron con todo arriba y no dejaron pensar un instante al rival.

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La pelota pasaba de un jugador a otro con toques cortos entre los defensores burlando la marca rival. Cuando la pelota llegaba a los pies de Andrade el moreno se hacía un festín. Marjanovic debe haber tenido pesadillas con él.

No habían pasado 10 minutos que ya le había jopeado la pelota y de los 3 caños que le tiró, dos pasaron limpito entre las piernas.

Los “yugos”, como les llamaban en la concentración, se miraban incrédulos en la cancha y señalaban constantemente a diferentes jugadores para marcar. Desbordados, intentaron tirar alguna patada para frenar a los nuestros pero ni siquiera los podían encontrar para tal fin.

Los nervios y algunas imprecisiones en los pases de los uruguayos pasaban desapercibidos ante una superioridad incuestionable.

Ese juego de toques y casi divertimento duró más o menos 15 minutos hasta que se decidieron a atacar al arco rival con seriedad. Los yugoeslavos recién empezaban a padecer el partido

Uruguay estaba jugando con viento en contra, pero sabido es que se contrarresta tratando de tocar a ras del piso. A los 20, una jugada que involucró a toda la delantera terminó con el centro de Urdinarán que sobrepasó la entrada de Petrone y Cea. El viento le había hecho un favor a Vidal que entraba por la medialuna y le pegó fuerte, de primera, para dejar inmóvil al golero rival y poner el primer gol uruguayo.

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El festejo fue tremendo. Nos fundimos en un abrazo los presentes entre el murmullo del público que incrédulo comenzaba a ceder ante el encanto celeste.

No habíamos terminado de acomodarnos en el asiento que El Mago Scarone aumentaba el tanteador a los 23, y para liquidar las cosas Petrone hizo el tercero a los 35. De no mediar la actuación del arquero el resultado pudo haber sido más abultado.

El público presente había caído rendido a los pies del combinado antes de terminar el primer tiempo.

La gente aplaudía con fervor y festejaba cada jugada de Uruguay maravillada por la riqueza técnica y táctica de sus jugadores.

El segundo tiempo fue demoledor. Los europeos lucían totalmente vencidos mentalmente y su postura en la cancha reflejaba la impotencia de no poder siquiera emparejar un rato el juego. En 15 minutos Cea, Romano y Petrone abultaron el tanteador a 6 a 0. Mazzali no participó en todo el partido y por momentos se lo podía ver recostado en uno de los palos del arco.

El vasco Cea completó el espectáculo a los 80 minutos con el séptimo y aleccionador gol que cerraría el partido.

Los “pobres muchachos” habían presentado sus credenciales.

Uruguay 7 – Yugoeslavia 0.

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Terminado el partido, nos fuimos con la delegación rumbo a Argenteuil. La alegría del plantel era enorme y no faltó el espacio para el festejo.

Estaba bastante cansado del viaje y me quedé hasta que la euforia generada por el triunfo empezó a bajar. Odriozola prometió traer la carne para la mañana siguiente y hacer un buen asado para reponer energías.

Sin mucho pudor prometí llegar para prender el fuego recibiendo la negativa instantánea de Petrone, que como si le estuviera robando el puesto me espetó:

“¡De eso me encargo yo, arquitecto!… Ud venga tranquilo con algo para que la garganta del asador no se seque!”.

CAPITULO VII – Quemando la vaca

Había solicitado en la recepción del hotel que me despertaran a las 7.30.

La luz del sol parecía iluminar bastante mi cuarto y de fondo escuchaba golpes que provenían desde algún lugar; golpes desde las profundidades del sitio donde me ubicaba, pero no reaccionaba.

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Escuché pasos y el sonido inequívoco de un manojo de llaves. La habitación lucía en tonos ocres sobre las paredes empapeladas con un gusto cuestionable, pero mi voluntad era apenas suficiente como para comenzar a comprender que estaba en el hotel de París.

Mi cuerpo estaba vencido luego de pasar más de 36 horas arriba de los trenes y por momentos parecía que me seguía moviendo a su ritmo de un lado al otro.

Una silueta se acercó hacia mi, y con tono de preocupación intentó cachetearme, pero el caballero del manojo de llaves le agarró el brazo y prefirió preguntarme si me encontraba bien.

Es que estuvieron más de 20 minutos tratando de encontrar una respuesta de mi parte, y asustados prefirieron abrir y confirmar que todo estaba en orden.

La sombra de mi barba reflejaba claramente los tres días de descuido, así que decidí afeitarme y pegarme esa ducha necesaria para terminar de despertarme. Traté de bañarme rápido porque al gerente, francés él, le preocupaba un poco el excesivo uso de agua que hacía (un baño al día le parecía mucho).

Ya en el lobbie del hotel me fui derecho a la sección deportiva de los diarios disponibles. Mis manos quedaron negras de tanto pasar hojas y leer cada comentario sobre el partido.

Ni el más fanático del sport uruguayo podría haber escrito líneas tan elogiosas sobre nuestro team. Es que los franceses se encantaron con el estilo de los nuestros.

Los yugoeslavos tienen cierta ciencia para jugar, pero son infinitamente más lentos que los uruguayos. Se debe a su golero, un jugador de categoría, que no hayan tomado una goleada aún más humillante. Los uruguayos son un equipo superior, con una ciencia comparable a la de los profesionales ingleses, lo que los hace innegablemente favoritos a ganar el torneo olímpico.

Llegando a Argenteuil me detuve a comprar unas bebidas para los muchachos, especialmente complaciendo el pedido del asador que ayer había sido uno de los scorers.

El “castillo” quedaba relativamente lejos de la calle, pero desde allí podía divisar una columna de humo imponente.

Logré ver una estaca con la correspondiente parrilla y un novillo asándose al mejor estilo uruguayo. Algunos amigos dicen que son “orientales”, sin embargo yo prefiero un poco más la uruguayez sin negar las raíces.

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En el portón se arrimaron más periodistas que la vez pasada. Los muchachos ahora eran noticia y cualquier cosa servía para contar una historia.

Odriozola había conseguido una res entera y la llevó al alojamiento con la ayuda de otros muchachos de la delegación. La leña abundaba en los depósitos de la casa y la parrilla era parte del equipaje de la delegación.

Petrone fue el encargado de prender y custodiar el fuego pese a que todos querían meter mano; como buen asador cuidaba celosamente que todo saliera según su costumbre. Las brasas, además de servir para asar la carne también se aprovechaban para mantener el agua de las calderas, siempre prontas para el mate.

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“Ud. está en un asado con los futuros campeones olímpicos”, me dijo uno de los dirigentes. Sin embargo Nasazzi y Scarone eran más cautos.

“El Mago” decía que se les había ido la mano contra los yugos y que para el próximo partido contra Estados Unidos debían regular fuerzas. Los descansos entre los partidos eran cortos y debían liquidar rápido para luego cuidar el físico.

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Sobre las 16.30hs me despedí de los presentes agradeciendo la invitación. Le prometí a Petrone que le iba a regalar una botella más cara si el jueves hacía 2 goles contra Estados Unidos.

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Con las risas de fondo y un clima espectacular emprendí mi regreso al centro de París caminando; la mejor forma para conocer una ciudad.

El Arco del Triunfo fue el destino elegido para terminar una tarde con recuerdos para contarle a mis nietos.

La escala de estas estructuras sobre el resto de las construcciones de la ciudad simbolizaban ese poder que representan. Esta obra que demoró 30 años en construirse (1806-1836) cuenta con una altura aproximada de 50 metros, la mitad de lo que será el futuro edificio de los hermanos Salvo.

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Napoleón no andaba con medias tintas para demostrar sus logros.

De camino al hotel decidí cenar en un pequeño bar al que había visto en otra recorrida y que ofrecía un menú muy tentador por pocos pesos.

La noche estaba fresca así que pedí la sopa del día y pasta como plato principal. El mozo me recomendó para el postre la creme brulee de la casa, así que no dudé en pedirla además de la copa de vino.

Al final de mi solitaria velada me pedí un café y el diario de la noche.

La selección uruguaya no me sorprendía dentro de la cancha porque tengo claro como es el estilo del fútbol uruguayo, pero la prensa francesa se esmeraba todos los días con algo nuevo. El diario de la noche tituló:

“Los uruguayos festejaron el triunfo ante Yugoeslavia quemando una vaca”

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Puede leer los capítulos previos siguiendo estos links:

COLOMBES 1924

COLOMBES 1924 – parte II

COLOMBES 1924 – parte III

Obdulio hace asados con carbón (no le queda otra),

Obdulio son los Padres

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