Especiales de Obdulio

Temporada de otoño: fecha 7

El campeonato llega a su recta final y apenas dos partidos quedan pendientes en el calendario. Uno de ellos se jugó hoy en una tarde fresca típca de otoño, ideal para jugar al fútbol aquí en el lejano norte.

Los chiquilines llegan a las prácticas cada vez más temprano y demuestran muchas ganas a la hora de hacer los ejercicios. Con el paso del tiempo la dificultad aumenta y los desafíos a cumplir son mayores.

Familiarizarse con la pelota y el cuerpo es una de los principales objetivos a esta edad. Coordinar movimientos, saber calcular la velocidad y distancia de la pelota o entender que parte del cuerpo utilizar para controlarla son cosas que empezamos a trabajar con mayor intensidad.

Uno de los festejos mayores de la noche de entrenamiento fue cuando les dije que íbamos a jugar al “monito”. Sí, les encanta jugar al monito.

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Mientras hacía estas cosas con los niños en el lejano norte, en Montevideo un grupo de amigos coordinaba una salida al cine y posterior tertulia en una cervecería de la ciudad. No soy muy fanático del cine, pero una salida con amigos a tomar una o hacer lo que sea para pasar el rato es de las cosas que más se extraña.

Siempre he escuchado a gente que vive afuera del país decir que extraña la rambla, el mate, el asado o el carnaval. Creo que lo que más se extraña no son esos lugares o actividades en sí, sino con quien las hacemos. Al menos ese es mi punto de vista.

En la charla con los niños les conté un poco las características del rival y sus jugadores clave. Nuestro mayor desafío sería jugar sin nuestro goleador que se fue de viaje con la familia por esta semana. Traté de ignorar ese asunto y completé los ejercicios de la jornada sin asignar a nadie en particular como su sustituto.

Una de las cosas que traté de inculcar desde el primer día fue el respeto hacia los rivales y los compañeros. Llegar a la hora que se les pide es parte de esa idea. Sobre el final de la práctica les dije que el partido iba a ser a las 14:30 (en realidad a las “2:30 PM”) e inmediatamente les pregunté a qué hora debían llegar. La respuesta fue unánime: “A las 2:00pm para el calentamiento”.

Así me gusta.

EL PARTIDO

Una de las principales características del rival de hoy es su informalidad. Entre otros detalles su equipo nunca llega en hora.

El calentamiento previo se hace jugando al monito. A medida que van llegando la rueda se hace más grande y se suman “monitos” al juego. El que llega último la queda.

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Cuando el partido anterior termina nos vamos a la cancha a pelotear para afinar puntería y calentarle las manos al golero hasta que llegue el árbitro para el chequeo de rigor (verifican que todos jueguen con sus canilleras, usen los zapatos y que no tengan ningún accesorio como cadenitas y esas cosas).

El tiempo pasaba y apenas habían dos jugadores rivales así que nuestros muchachines se empezaron a frustrar un poco porque no habría partido.

Una de las reglas de la Liga es que si el equipo contrario no completa los siete jugadores el equipo rival le debe ceder algún player para que se pueda armar un partido y no se pierdan de la jornada.

Técnicamente ganamos el partido por “walkover”. Lo importante es que nadie se vaya sin jugar.

Los contrarios llegaron a cuatro jugadores y nosotros éramos diez así que daba justo para pasarle jugadores al rival y que nadie quedara afuera.

El desafío mayor para este novato de la dirección técnica era a quien pasarle al rival. Ud. podrá pensar de arranque que lo mejor que puede hacer es pasarle los jugadores con menor habilidad al rival, pero esa creo que no es la mejor idea. Sentirse parte de un equipo es de las cosas más difíciles de lograr así que la decisión no era sencilla.

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Lo primero que hice fue explicarles la regla y les pregunté si alguno quería jugar con el otro cuadro. Un par de valientes levantaron la mano (y me facilitaron las cosas) y asigné a otros dos para jugar con ellos.

Lo otro que hice, para que entendieran que el partido era “informal” fue preguntar si alguno quería jugar de golero y allí levantó la mano uno de nuestros jugadores que jugó el primer partido en el arco (el que se lesionó el dedo y no había atajado más).

Empezamos el partido con dos de nuestros jugadores base en la cancha, un golero nuevo y con Agustín jugando como delantero. Me dispuse a mirar el partido como si fuera una práctica y no tenía pensado dar muchas indicaciones.

¡Qué ingenuo!

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El juego arrancó y el peloteo de los primeros minutos no nos encontró muy bien parados. Los gurises le estaban poniendo pocas ganas debido a que el partido “no era por los puntos” y parecían dormidos.

Nuestro nuevo arquero tuvo un par de salvadas que le hicieron ganar confianza (y salvaron el primer tiempo), pero en ataque no lográbamos pasar la mitad de la cancha.

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El técnico rival daba indicaciones como si el partido fuera la final del mundo y animaba a sus jugadores a ir al ataque y ganar. Sin duda no se lo había tomado como una práctica pese a tener tres jugadores ajenos con su equipo.

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Un par más de sus jugadores llegaron y los nuestros volvieron al equipo para permitir la rotación. Poco a poco el partido dejaba de ser un amistoso.

En el primer tiempo no pateamos al arco y no encontramos nunca nuestro juego. Lo único que logramos, y bien, fue que no nos hicieran goles. Nada mal.

El pitazo del árbitro para terminar la primera parte fue el momento para reacomodar al equipo y despertarlos.

Le pedí al jugador que aún seguía con los rivales que se viniera a nuestro lado porque iba a jugar con nosotros el segundo tiempo y no le asigné a nadie hasta salir al segundo tiempo. Era mi forma de hacerles entender a los niños que ellos pertenecen al equipo y se valora su presencia siempre. El cambio de lado era una situación especial.

Cuando volvieron estaban frustrados porque no les salía nada. Traté de calmarlos y de a poco ajustar algunas cosas que no estaban funcionando. Básicamente no estábamos pasando la pelota para avanzar y solo la reventábamos para adelante, así que les pedí que jugaran como lo hacen cuando juegan al “monito” donde demuestran que se la saben pasar entre ellos.

Agustín volvió al arco y nuestro arquero del primer tiempo se fue a jugar al otro equipo. El premio para él iba a ser jugar todo el partido.

Para el segundo tiempo salieron con otro ánimo pero el rival también juega y hacía lo suyo para presionar sobre nuestro arco.

Basados en ese orden atrás había que mejorar las cosas en ataque y nada mejor que tener una oportunidad para atacar con claridad.

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Todo empezó en un saque de arco a nuestro favor cuando finalmente pudimos dar dos pases seguidos. El rival, que estaba todo parado en nuestro campo logró interceptar la pelota pero rápidamente uno de nuestros delanteros se la robó al último de la defensa y corrió sin parar hasta el área rival. Allí se tomó un tiempo y definió notable contra el palo derecho.

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Si prestan atención se me puede ver bien a la derecha de la imagen pateando la pelota al mejor estilo “cabezazo de Víctor Púa”. La panza al menos la tengo (la pelada está en proceso).

1 a 0 y pelota al medio en nuestro primer tiro al arco al minuto y medio del segundo tiempo.

Ese gol los terminó de meter en el partido y especialmente en la forma de jugar, pues empezaron a hacer más pases buscando al compañero que está libre como se les pide y de a poco se acomodaban las cosas.

Tanto se acomodaron que al minuto estábamos anotando nuestro segundo gol aprovechando una pelota que no se dio por perdida luego de lograr tres o cuatro pases seguidos. En enredo entre los defensores lo aprovechó uno de nuestros players con mayor potencia de tiro y la clavó en el ángulo.

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El 2 a 0 terminaba de afianzar al equipo y le bajaba un poco la ansiedad al técnico rival que se venía a dar indicaciones casi hasta nuestro sector.

La ráfaga de goles de nuestro equipo se completaría un par de minutos más tarde cuando otra de esas jugadas que se practican en los entrenamientos tuvo su resultado en el partido.

El rival atacaba por su izquierda y la defensa logró cortar el avance pasando la pelota a nuestro defensor central, éste la pasó rápido para el otro lado buscando a nuestro aplicado y talentoso player, el del tobillo aún maltrecho.

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El resto fue todo producto de su talento.

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Dominando con la derecha encaró por la izquierda y se enfrentó al defensa a quien dejó por el camino a puro amague y velocidad. Siempre juega de cabeza levantada y apenas si deja marcados los tapones en la cancha con sus zancadas largas. Según mi esposa “ese niño parece flotar en la cancha”.

Enfrentarse al golero y definir contra un palo fue el menor de sus problemas y así todos pudimos festejar el gol que liquidaba el partido.

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Algo que caracteriza a los niños de este campeonato es que siempre siguen jugando para al menos hacer un gol y por más que el equipo vaya perdiendo por goleada éste se festeja casi como un triunfo.

Es claro que los objetivos van más allá del resultado y cualquiera que haya tenido la posibilidad de entrar a la cancha del deporte que sea sabe muy bien que llegar a anotar un gol, un doble o un punto es un momento genial, así que el rival no se rendía en busca de su premio.

El descuento fue de contragolpe tras aprovechar el entusiasmo de los nuestros que se fueron arriba a buscar el cuarto gol dejando demasiado campo libre a sus espaldas.

Agustín hoy no hizo grandes atajadas ni ganó un mano a mano espectacular como la semana pasada, pero se lució transmitiendo lo que todo arquero debe hacer más allá de las atajadas: seguridad.

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Tras dos o tres jugadas más donde la suerte estuvo del lado de la defensa rival y evitaron un par de goles de manera poco creíble el 3 a 1 no se movió hasta que el árbitro pitó el final del partido.

Los gurises se divirtieron y pasaron otra tarde de otoñal a puro fútbol.

Como saben, a los únicos que no les importa el resultado es a los organizadores del campeonato, por eso no hay tabla de posiciones ni goleadores ni nada. Sin embargo los chiquilines tienen muy claro que tras siete partidos empataron el primero y ganaron los otros.

Al término del partido y después del saludo de rigor con los rivales, los niños se pudieron refrescar y disfrutaron de la merienda que siempre está a cargo de uno de los padres de forma rotativa.

Les agradecí especialmente a los niños que jugaron un rato para el otro equipo y junto con los que quedaron de nuestro lado les regalamos un aplauso merecido.

Las manos se fueron al centro y a la cuenta de tres no hubo necesidad de explicarles que tenían que decir porque a nadie se le ocurre otra cosa que gritar “equipo”.

 

Obdulio para niños,

Obdulio son los Padres

 

Nota del autor: Como me interesa proteger mi privacidad cuido la de los demás y sólo muestro imágenes del partido que no incluyan rostros de niños de manera reconocible. Soy muy celoso de ese tema y trato de no compartir fotos en internet que incluyan a niños sin el consentimiento de sus padres. A algunos les parecerá un poco exagerado, a mi me parece que es un tema de respeto.

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