El Mundial del 50

El Mundial del 50: “Los de afuera son de palo”

Las diarios presagiaban el seguro final de aquella tarde del 16 de julio. Brasil sería campeón del mundo. No había dos opiniones al respecto. El local aplastó a sus rivales en la ronda final y Uruguay apenas había logrado llegar con chances.

A Brasil le alcanzaba con empatar para ganar la fase final y alzar la Copa en su flamante estadio.

La confianza desbordaba por todos lados y había llegado hasta los propios jugadores. Se dice que Bigode y Juvenal no pasaron una buena noche (para un deportista) y sus suplentes estaban en peores condiciones. Los festejos se adelantaron un poco.

Mendes de Morais, el Prefeito de Río de Janeiro, en su discurso previo al partido les recordó que él cumplió su palabra al construir el estadio. Ahora ellos debían cumplir su deber ganando la Copa del Mundo. Todo un diplomático el hombre.

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Los uruguayos se fueron temprano a Maracana previendo el corte de calles por el carnaval anticipado. Rumbo al estadio los jugadores cantaban una canción creada por el jugador Alvaro Gestido y el periodista Nobel Valentini previo a la final olímpica de 1928: “vayan pelando las chauchas…”

Llevaron colchones y varios se durmieron una siesta para aplacar los nervios. El ambiente estaba tranquilo y entre los jugadores había confianza de que se podía ganar.

Los dirigentes uruguayos no pensaban de la misma forma e impresionados por el poderío del oponente encararon al capitán y le dijeron que si perdían por menos de cuatro goles se quedaban conformes y la tarea estaba cumplida.

Los jugadores estaban solos.

Aquel consejo fue un insulto para Obdulio Varela que utilizó este hecho para arengar a sus compañeros en el túnel previo a salir a la cancha. Ghiggia, Schiffino, Máspoli y Julio Pérez, entre otros, contaron repetidas veces la frase del capitán:

“Acá lo que sirve es salir campeón del mundo. Los de afuera son de palo”.

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Brasil 1950 | Mistica Celeste

El resultado del partido final no fue sólo una cuestión de rebeldía y carácter, sino que había un trabajo previo de estudio al rival y confianza en las fuerzas propias, que por cierto no eran pocas.

Uruguay's World Cup-winning team: back row (l-r): Obdulio Varela (captain), Juan Lopez (coach), Tejera, Vazquez (trainer), Abate (trainer), Gambetta, Gonzalez, Roque Maspoli, Andrade, Kirshberg (Masseur), Front row, l-r, Alvarez (trainer), Alcides Edgardo Ghiggia, Perez, Miguez, Juan Alberto Schiaffino, Moran and Figoli (trainer).

De España y Suecia no se sabía nada, pero tres partidos contra Brasil por la Copa Barón de Río Branco en los meses previos al mundial indicaba que los equipos eran parejos.

“Nosotros les habíamos ganado apretado, ellos nos habían ganado apretado, no era una cosa de 4, 5 ó 6 goles” decía Julio Pérez. Según Máspoli pudieron “calibrar jugador por jugador”.

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El técnico uruguayo le asignó marca personal a Zizinho, uno de los habilidosos del ataque. Tejera sería el encargado de seguirlo hasta los vestuarios.

En el arco Máspoli retornaba a la titularidad confirmando la confianza del grupo haciendo un gran partido.

1950 WORLD CUP FINAL MATCH: Uruguay 2-1 Brazil - FIFA.com

Una lesión dejó afuera al bigotón puntero izquierdo Ernesto Vidal. Conocido como “el patrullero” (debido a una viñeta de humor que describía así sus veloces corridas por la cancha) había nacido en Italia y se había hecho futbolista en Argentina. Apenas dos semanas antes de empezar el Mundial había conseguido el pasaporte uruguayo.

Rúben Morán, puntero izquierdo del Club Atlético Cerro debutó en el partido final.

El inglés George Reader puso en marcha el juego a las 15:00 horas.

El partido empezó con la iniciativa brasileña que tuvo su primer tiro al arco en los primeros segundos. Máspoli recibió el tirito de Ademir sin inconvenientes.

Uruguay 2 Brazil 1 in 1950 at the Maracana. Ademir has a good ...

La táctica de Uruguay era clara. Sus punteros nunca retrocedían y jugaban bien abiertos. Schiaffino y Julio Pérez eran los principales receptores de las pelotas distribuidas por Obdulio Varela mientras que Míguez se metía como cuña entre los centrales rivales. A las espaldas del capitán, Gambetta, Tejera, Matías González y Rodríguez Andrade trabajaban a destajo.

La pierna fuerte, las entradas al límite del reglamento y la conversación con el juez en un idioma imposible de saber se combinaba con fútbol bien jugado, explosivo y dinámico para la época. Así jugaba Uruguay. Nada de colgarse del travesaño ni contragolpe los 90 minutos.

Parece lógico que no haya muchas fotografías de los ataques de Uruguay. Los fotógrafos, que tenían que prever la jugada para poder sacar “esa” foto, se habían dispuesto detrás del arco que recibiría los goles, y ese no era el de Barbosa.

El primer tiempo fue movido con oportunidades para ambos equipos predominando las del local que necesitaba liquidar el pleito rápido para no pasar zozobras. Sabían muy bien que ante la mínima adversidad el público reprobaría su actuación.

Era una mochila muy pesada la que tenían que cargar y los jugadores uruguayos lo tenían claro.

A Barbosa lo sorprendió un tiro potente de Míguez que pegó en la base del palo izquierdo. Máspoli por su parte se hacía gigante para achicar las arremetidas de Chico y Ademir.

Antes que me olvide, Sundqvist y Mellberg liquidaban a España en media hora de partido. El match pasó desapercibido tanto como los goles de Palmer y Zarra que completaban el 3 a 1 dejando a los suecos en tercer lugar.

ANOTANDO FÚTBOL *: MUNDIAL 1950 * PARTE 7

El primer tiempo llegaba a su final en empate y los jugadores se iban a los vestuarios rodeados de un murmullo incómodo. La fidelidad por la selección brasileña era a base de goles no de paciencia. Ellos habían agotado el estadio para ver una goleada.

Terrace Images on Twitter: "200,000 fans fill the unfinished ...

Apenas iniciado el segundo tiempo llegó el ansiado gol de Brasil.

Friaça ponía al local arriba y desataba la locura en el estadio. El fervor de 200.000 personas retumbaba por toda la ciudad. Ya no quedaban dudas: Brasil sería campeón.

A mi entender, entre el festejo de los brasileños y la reanudación del partido cambió el destino del fútbol uruguayo. Todo lo que sucedió después hasta el minuto 90 parece haber tenido una influencia menor que lo sucedido luego del gol.

Los zagueros uruguayos notaron que el juez de línea levantó la bandera y la bajó rápido. Le dijeron a Obdulio que era offside, que había que protestar la jugada. Viendo el video del partido se logra divisar al línea levantando la bandera, pero no queda claro si para cobrar offside.

Y ahí llegó “ese momento”.

Obdulio se puso la pelota bajo el brazo y fue a protestarle al línea”.

Ese recurso producto de la viveza y picardía para manejar un partido posiblemente haya sido efectivo para frenar el impulso de Brasil tras el gol, pero nadie repara que antes de reanudar el partido el propio Obdulio les dijo “bueno, ahora hay que atacar y ganar”, nos quedamos con una parte del cuento.

Uruguay no ganó porque Obdulio se puso la pelota bajo el brazo, ganó porque atacó, presionó al rival, le hizo dos goles y pudo haber hecho alguno más. En definitiva, ganó jugando al fútbol que es lo que sabían hacer.

Brasil se fue en busca del segundo pero se encontró con su rival determinado a no dejarlo llegar con peligro. Uruguay impuso las condiciones en su zona y eso le permitió liberar al ataque.

En el segundo tiempo Ghiggia le había pedido a Julio Pérez que se le arrimara más, que se la diera corta y le podían hacer el 2 contra 1 a Bigode. Sabía que “era más ligero que ellos y les ganaba siempre”.

Uruguay preparaba su empate jugando “cortita y al pie”.

Obdulio Varela inició la jugada del empate tirándosela a Ghiggia como éste había pedido, no tan larga. Ghiggia llegó al borde del área y a su frente le salía Juvenal a cumplir con la tarea de rigor, pero el “ñato” vio que Schiaffino cortó desde el borde del área y se la pedía como siempre.

“Pepe” Schiaffino la agarró de sobrepique y se la colgó del ángulo a Barbosa. Según él mismo contó su intención era tirarla al segundo palo. Por suerte “le pegó mal” y el estadio quedó en silencio a los 25 minutos.

Los jugadores sólo tenían en sus oídos el estruendo del griterío previo, pero en medio del festejo se dieron cuenta que se podían escuchar.

El silencio aturdió a Brasil.

Era el momento de ganarlo y se fueron con todo al ataque.

Ghiggia ya tenía dominado a Bigode y le ganaba todas. Uruguay controlaba el partido aunque hubo tiempo para un ataque de Brasil que casi termina en gol en contra de Gambetta. Fue lo más cerca del gol que estuvieron en ese lapso.

Danilo le sacó el segundo a Schiaffino
Augusto salva otra vez

Barbosa no paraba de dar indicaciones y una vez más vio como por su izquierda el puntero uruguayo dejaba parado como un poste a Bigode. Ghiggia se acercaba en diagonal y seguro repetiría la jugada del primer gol.

Schiaffino se la pedía a gritos y Míguez también reclamaba su oportunidad. Las opciones eran varias y no había tiempo para demorar una decisión así que dio el paso al frente para cerrar opciones de gol.

Para su desgracia, Ghiggia repitió el mismo tiro con el que venció a Ramallets: potente, raso y al palo del arquero.

El gol de Ghiggia, ese del que apenas hay una toma desde atrás del arco, fue el cierre de un ciclo glorioso de la selección uruguaya. No habrá otro igual.

El puntero derecho uruguayo fue la figura del partido. Los comentaristas de la época y los propios jugadores lo señalan como el jugador clave para ganar la final.

Ghiggia hizo un gol en cada partido que jugó Uruguay. Fueron los únicos que convirtió en apenas 12 presencias con La Celeste en el pecho. Para completar su faena mundialista sirvió la asistencia del empate en la final.

Sus corridas por la punta derecha hicieron estragos en las defensas rivales y su tiro al palo del golero fue su sello en ese campeonato.

Mientras Barbosa se levantaba tras el gol se sentenciaba su condena. Todos se olvidaron que Bigode fue ridiculizado por Ghiggia hasta el último minuto del partido. Los dedos apuntaron hacia él por el resto de su vida como el gran culpable de la derrota.

Moacir Barbosa - Historian om världens största syndabock

Brasil se fue arriba con más ganas que ideas y tuvo algunas oportunidades. La falta de puntería o la participación de Máspoli frustraban sus ataques.

La última jugada fue un córner en la hora del partido. Máspoli logró despejar y el “mono” Gambeta se abrazó a la pelota como si fuera su madre.

Algunos de sus compañeros pensaban que se había vuelto loco pero él había escuchado el silbatazo del juez.

Sabía que Uruguay era Campeón del Mundo.

Uruguay Football ENG 🇺🇾 on Twitter: "Schubert Gambetta is one of ...

Hubo tiempo para el festejo, consolar al rival y la vuelta olímpica.

En aquella época no se entregaban medallas a los campeones y al regresar a Montevideo los dirigentes mandaron hacer medallas de oro, pero para ellos.

A los jugadores les dieron medallas de plata.

Tenía razón Obdulio, los de afuera eran de palo.

.

Obdulio se puso este post bajo el brazo,

Obdulio son los Padres

——–

Notas de Obdulio:

  • Adjunto algunos de los videos que sirvieron de inspiración para el post.
  • Los testimonios de los jugadores provienen del documental “Los de afuera son de palo. Memoria del Maracanazo” (Rosario, Argentina. Año 2000), escrita y dirigida por Jorge Méndez Cunha y Luis Najmias Little.

2 replies »

    • Creo que una cosa no quita la otra. Todos los jugadores han declarado siempre que después del partido al ver a la gente les dio como un poco de lástima. De todos modos pienso que festejaron con respeto y no se burlaron del rival. Le aseguro que todos se volvieron a Uruguay muy felices. Obdulio le envía un saludo

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