El Mundial del 30

El Mundial del 30: el doble 6 a 1

El campeonato del mundo tomaba forma y los equipos habían mostrado sus cartas. Uruguayos y argentinos tendrían un obstáculo más para verse otra vez las caras en una final. Yugoslavia y Estados Unidos estaban en el camino.

Cuando Uruguay ganó en Colombes desde Argentina se decía que el triunfo había sido del fútbol del Río de la Plata y dejaban bien claro en cada nota escrita que ganaron los uruguayos porque no fueron los argentinos.

El fútbol se vivía de forma intensa y en 1928 los mejores equipos del mundo definieron la final Olímpica. Luego de empatar el primer partido, Uruguay ganó la finalísima 2 a 1.

Faltaba un sólo partido y la tensión se respiraba por las calles de Montevideo y cualquier cosa era motivo para ofenderse. Por ejemplo, Carlos Gardel fue a cantarle a la delegación uruguaya y en Buenos Aires lo vieron como un insulto. “El Mago”, siempre haciendo equilibrio, se presentó en Santa Lucía y se cantó unos tanguitos con la delegación visitante.

Mientras en Uruguay el Estadio Centenario se abarrotaba en cada partido, las calles de Buenos Aires se llenaban de gente ávida por saber el resultado de su selección. Los pizarrones que se colocaban afuera de los diarios y las pocas radios existentes, comunicaban al público de las incidencias en la cancha.

La selección de Estados Unidos fue apenas rival en el primer tiempo para los argentinos. Luego del gol de Monti a los 20 minutos el público presente solo esperaba el siguiente de los albicelestes pero éstos recién llegaron en el segundo tiempo.

El gol de Scopelli más los debletes de Stabile y Peucelle llenaron la canasata de los norteamericanos. Brown sobre el final del partido puso el gol del honor.

Argentina presentó credenciales para la final con contundencia.

Al día siguiente, el 27 de julio, el público uruguayo se preparaba para cumplir con un trámite administrativo sencillo. Yugoslavia no parecía ser un rival temible. Tal vez aquel 7 a 0 de Colombes o simplemente la confianza en las fuerzas propias eran suficiente para la actitud del público.

Sin embargo, los equipos apenas se habían acomodado en el campo y Vujadinovic vencía el arco de Ballestero transformando aquello en “ese” documento que no llevaste para completar el trámite, silenciando el Centenario por un rato.

El “vasco” Cea siempre hacía goles decisivos en momentos complicados y a los 18 minutos apareció para empatar el partido y aliviar a los presentes.

Juan Peregrino Anselmo, más conocido como “Nenín” era de esos jugadores que jugaban cuando querían y dejaban en ridículo a los rivales en el momento que se le antojaba. Jugaba de “9” pero retrasado en el campo. Siempre quería estar en contacto con la pelota. Un comilón de aquellos que jugaba como en el campito y buscaba el gol perfecto a su ritmo, cansino, casi despreciando rivales y compañeros.

Fue el revulsivo de la selección en el partido contra Rumania y junto a Scarone y Cea se divirtieron de lo lindo haciendo un gol cada uno. Contra los yugoslavos, Nenín se llevó los aplausos en el segundo y tercer gol uruguayo convertidos a los 21 y 30 minutos del partido.

Estuvo en la delegación olímpica de 1928 pero no pisó la cancha. En esos dos partidos se sacó las ganas de jugar para su público y deleitarlo como sabía. Había suplantado al “manco” Castro en esos partidos y su inclusión en la final fue tema de discusión acalorada dentro del plantel. Según cuentan, Anselmo fue quien sugirió que el ageurrido Castro debía jugar la final contra los argentinos.

En el segundo tiempo llegaron otros tres goles de Uruguay: Iriarte y Cea en dos ocasiones liquidaron a los yugoslavos antes de la media hora final.

La Celeste también presentaba sus credenciales con idéntico resultado que su rival de la final: 6 a 1.

Sobre la final, a 90 años de su disputa, se referirá Obdulio en el siguiente post.

Obdulio recuerda,

Obdulio son los Padres

Obdulio siempre cita sus fuentes

https://es.wikipedia.org/wiki/Copa_Mundial_de_F%C3%BAtbol_de_1930

https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Peregrino_Anselmo

Historia de Peñarol. Luciano Álvarez, con la colaboración de Leonardo Haberkorn. Ediciones Aguilar, 2015

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