El viaje de la pelota III

LA TRADICIÓN GRECO-ROMANA

Los griegos y los romanos crearon, cada uno a su modo, un estilo de vida que incluía la participación de la población en muchas actividades sociales. Desde el ágora de la polis griega al foro romano, la gente generó el hábito de participar en espacios públicos donde estar conviviendo entre un número más o menos extenso de personas no era una rareza.

Los antiguos teatros griegos, influencia de sus posteriores versiones romanas, fue el recinto para la confluencia de miles de personas entorno a un espectáculo determinado (los hubo desde tres mil a diez mil espectadores).

Es así que no nos podemos espantar si en la antigua Grecia, más de cincuenta mil personas llegaban al estadio de la ciudad de Olimpia desde distintas polis para ver a sus atletas favoritos, en una época donde se celebraba a éstos deportistas como héroes.

Antiguo estadio de Olimpia (no el de Colón), recinto de los antiguos Juegos Olímpicos

Para los griegos, los juegos de pelota fueron parte del entretenimiento y educación a nivel escolar, aunque nunca alcanzaron un status realmente competitivo y mucho menos popular como otras disciplinas que por ejemplo fueron parte de los antiguos Juegos Olímpicos iniciados en el año 776 a.C.

La importancia de los juegos de pelota se basaba en la idea de ser un aporte al desarrollo de todas las partes del cuerpo, siendo éstos aptos tanto para hombres y mujeres sin distinción de edad. De hecho, para los antiguos griegos los juegos de pelota eran en esencia femeninos.

No imaginen a la escuela griega como el aula actual. La educación se basaba en el desarrollo físico y mental de los más jóvenes que eran tratados como “adultos pequeños”, alejados del concepto de niñez que podamos tener en nuestros días. Estos entrenamientos eran incluidos también por los espartanos como parte de su carrera militar.

Volviendo al fútbol y en la búsqueda de deportes cercanos que expliquen sus distintos orígenes, el Episkyros griego tiene ciertos puntos de contacto.

Una vez más, un terreno rectangular dividido al centro por una línea de piedras marcaba el lado de cada uno de los equipos, conformados entre doce y catorce jugadores que debían disputarse una pelota (hecha con cuero y vejiga animal) que se ubicaba en el centro del campo al inicio de la partida.

El Phaininda fue un juego que incluía el lanzamiento de una pelota, la necesidad de esquivar rivales y la formación de montoneras al mejor estilo de los scrums del rugby.

Otros deportes como el aporrhaxis (que consistía en el manejo de la pelota con las manos al mejor estilo de jugador de básquetbol, demostrando habilidad y fuerza individual) y el ourania (hombres y mujeres lanzándose una pelota entre sí, con la dificultad de que los participantes no estaban enfrentados, sino de espaldas), completan la lista de los más importantes dentro de la Antigua Grecia.

Se encontraron grabados del siglo IV a.C. donde aparece una persona dominando una pelota con el muslo. Fue en Zea, antiguo puerto de Pireas. A partir de estas pruebas algunos le llaman “el primer futbolista”, aunque más que para certificar la existencia del fútbol asumo que fue para describir a dicha pieza escultórica.

Los sellos conmemorativos del Mundial de Estados Unidos 1994 conectaron la práctica del “soccer” con aquel personaje, en una relación tan lineal como inexacta. No todos entendieron la metáfora.

Como en la mitología, la arquitectura y otras expresiones culturales, los romanos tuvieron también sus versiones propias de influencia griega. Es así que el harpastum, trigon, follis, paganica y arenata surgieron como deportes colectivos en torno a una pelota.

Los romanos le pusieron un poco más de violencia al asunto, y aquello del desarrollo de la mente y el cuerpo se transformaba en muchos casos en lucha libre en torno a la pelota como el Harpastum.

El juego consistía en golpear al rival con una pelota, mientras en torno a ésta situación se generaban luchas mano a mano con técnicas de combate en procura de la posesión del balón entre integrantes de los equipos.

Otros se lo tomaban con calma, como los que jugaban al Trigon, que era más de habilidad, jugado de a tres personas y consistía en pasarse una pelota del tamaño de una de tenis, pero de medio kilo de peso, y lograr mantener el ritmo hasta que ésta cayera al piso. No se lastimaba nadie pero los brazos y los hombros seguro trabajaban y se desarrollaban.

Este deporte es de los primeros que se tiene una referencia específica y data del sigo II a.C.. Por su parte el Harpastum es mencionado por algunos autores romanos a partir del siglo I d.C.

El follis o folliculus, era otro deporte con pelota y contacto físico, que llegó al punto de categorizar a los participantes por edad, apartando a los más jóvenes por un lado y a los veteranos por otro.

Las descripciones de todos estos juegos, tanto griegos como romanos, se confunden en muchos casos, y como suele suceder, las reglas, el grado de violencia y formas de jugarlo difieren según el autor o las interpretaciones que surgieron cruzando esa información con interpretaciones recogidas en grabados, esculturas o vestigios arqueológicos.

A lo largo del Imperio Romano, los deportes estuvieron presentes, tanto como la división de clases que existía para cualquier actividad. Desde la ubicación en las gradas del Coliseo Romano hasta la participación en un simple juego de pelota, la mezcla social no estaba bien vista.

La herencia greco-romana tiene su importancia en cuanto al desarrollo de la práctica deportiva y la socialización que los deportes podían generar dentro del contexto que se las enmarca.

Pese a no estar directamente relacionada con el fútbol, de allí también podemos conectar culturalmente la celebración de las victorias deportivas y la posición social que sus protagonistas alcanzaron, enmarcados en eventos multitudinarios en recintos especiales construidos para su práctica.

​El Calcio Storico Florentino

Con conexiones fuertes a los deportes romanos descriptos anteriormente, el Calcio Storico es una mezcla de rugby, artes marciales mixtas, fútbol y cualquier otro deporte colectivo que requiera la integración de distintas habilidades en torno a una pelota y la búsqueda de un objetivo.

Creado en Florencia, Italia, sobrevive hasta nuestros días. Consiste en dos equipos integrados por quince jugadores cada uno, que se enfrentan en un campo de juego con la premisa de llegar al fondo de la cancha del rival y convertir un “gol” en un arco que se extiende en todo el fondo de la cancha.

Sus orígenes se remontan al Vaticano, donde aristócratas e incluso Papas jugaron a este deporte exclusivo para su clase.

Pero en 1530 durante el sitio de la ciudad de Florencia se disputó por primera vez este deporte en la Plaza de Santa Croce para demostrar la vigencia de las tropas defensoras, generando un sentimiento de orgullo de pertenencia que llega hasta nuestros días.

Practicar este deporte no solo requiere habilidad, destreza, fuerza y un par de tornillos flojos, sino el orgullo de ser florentino y pertenecer a alguna de las regiones que representan a cada equipo, donde una vez que se ingresa a uno no hay cambio, ni pase, ni préstamo ni nada a otro equipo.

Actualmente existe una “Liga” integrada por cuatro equipos que juegan dos partidos al año (semifinal y final) y el resto del tiempo lo ocupan en recuperar las lesiones que pueden generar la práctica de este deporte en extremo violento.

Ya sea para desarrollar mente y cuerpo, iniciar la comprensión de táctica y estrategia, demostrar más fuerza y destreza o pertenecer con orgullo a un «equipo», los deportes han acompañado el desarrollo de las diferentes civilizaciones a lo largo del tiempo con excusas de las más variadas para su práctica.

La pelota sigue su viaje a través del tiempo y antes de llegar a la invención del fútbol, Obdulio se va a detener en América, donde la pelotita anduvo rebotando por varios lugares del continente.

Pero eso pasará en el próximo post, porque entre tanto empujón, lanzamiento, tacle o patada, Obdulio quedó cansado.

Obdulio recuerda,

Obdulio son los Padres

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