El puesto con nombre de jugador

Obdulio inicia un nuevo año y lo hace con su clásico espacio de pequeñas historias futboleras, esas que tanto le gusta hacer y que aprovecha a escribir mientras por la ventana de su casa ve como la nieve cae sin piedad.

La primera mitad del siglo XX fue el generador de buena parte del lenguaje futbolero, incorporando al diccionario del sport el bautismo de situaciones que sucedían en la cancha y comenzaban a ser reconocidas con un nombre específico. Para mencionar un par que ya se ha recordado en este espacio: el gol «olímpico» y la «chilena».

Pues la historia de hoy cambia un poco el punto de vista, y en este caso no es un jugador que bautiza una jugada extraordinaria, sino que un puesto es llamado gracias al nombre de un jugador.

El player en cuestión, hijo de inmigrantes italianos, nació en Argentina en el año 1905 y antes de cumplir sus 20 primaveras ya jugaba en primera división para el equipo de su barrio, Lanús. El servicio militar obligatorio le truncó la carrera por un tiempo, pero nada le impidió luego jugar por San Martín, San Lorenzo, Vélez y un par de partidos con la selección argentina hasta que le llegó la oportunidad de cruzar el Atlántico para jugar en la tierra de sus padres en 1931.

Pese a pedir una cifra obscena de dinero (para complacer a su madre que no quería que se fuera), los tanos pusieron los billetes y se lo llevaron sin dar más explicaciones que las que el dinero pueda comprar.

Con gran visión de campo, habilidad para el quite, buen pase corto y largo y un andar incansable, Don Carlos paseó su talento por Napoli, Livorno y Torino en Italia, Rennes y Olympique Lillois en Francia donde convirtió los primeros dos goles registrados en su carrera.

Mientras jugaba en el Cercle Athlétique de París en 1938 los vientos de guerra soplaban fuerte en Europa y lograr su regreso pasó a ser un objetivo de vida. La oportunidad apareció con la única selección sudamericana que participó del Mundial justamente organizado en Francia: Brasil.

Se arrimó a través de un contacto argentino al lugar de entrenamiento y el lenguaje de la pelotita hizo el resto, logrando, según dicen, participar de los entrenamientos del equipo de Leonidas y compañía. Su modo de juego era una rareza en el fútbol brasileño y sirvió de mucho para preparar al equipo ante equipos europeos que tenían jugadores que se ubicaban en la misma posición que él entre los «backs» y los «forwards».

Tratando de escapar de los reclutamientos de Mussolini donde todo descendiente de italiano era elegible para el ejército, lograron hacerlo pasar como masajista de la delegación brasileña y así consiguió el regreso a tierras seguras para él y su familia.

Una vez llegado a Brasil terminó de escribir su historia dentro de la cancha siendo pilar del Flamengo campeón Carioca de los años 1939, 1942 y 1943.

Ya sobre el final de su estadía en Flamengo, el entrenador Flavio Costa (DT de Brasil en el Mundial de 1950) comenzó a preparar a su sustituto para la temporada siguiente, un mediocampista paraguayo llamado Modesto Bría, que cumplía con creces ese rubro que a los cariocas les faltaba: compromiso táctico, garra y lucha en el medio.

Es así que para explicarle los movimientos en la cancha no encontró mejor idea que poner de ejemplo a quien era el dueño del puesto: Don Carlos Martín Volante.

«Hacé como Volante», «movete como Volante», «jugá de Volante» fueron las primeras referencia al puesto de «center-half» que en Río de Janeiro no era muy popular pero que Don Carlos había impuesto a base de despliegue, disciplina y talento.

La prensa se encargó de hacer el resto del trabajo de difusión, pues todos los equipos comenzaron a contratar jugadores con esas características. Todos querían tener su «Volante».

Carlos Martín Volante continuó su carrera como entrenador, y tras un breve retorno a su Argentina natal, volvió a Brasil y siguió haciendo de las suyas en Internacional y Vitoria ganando los campeonatos estaduales Gaúcho y Bahiano respectivamente. Pero con el EC Bahía se lució, agarrando al equipo para el tercer partido final contra Santos (echaron al técnico tras perder la segunda final), siendo el DT del primer campeón del Brasileirao en 1959 y dirigió al equipo en la primera Copa Libertadores de 1960.

No se si lo será, pero si de romper con los anglicismos se trata, entre tantos «shots», «goals», «referees», «backs» y «forwards», Carlos Martín Volante nombró con su apellido un puesto, con la misma naturalidad que paseó su talento en ambos márgenes del Atlántico.

Obdulio juega de center-half,

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