Adolf vs Rudolf: la batalla de Herzogenaurach

Por más impronunciable que parezca este pueblo alemán ubicado en la región de Baviera al noroeste de Nuremberg, por más de siete décadas ha sido la sede de una de las batallas comerciales más grandes de los tiempos modernos.

Adolf y Rudolf Dassler fundaron en 1918 una empresa llamada «Gebrüder Dassler Schuhfabrik», «Fábrica de zapatos de los hermanos Dassler» en español liso y llano.

Los inicios no fueron sencillos pues la familia sufrió las consecuencias de la Gran Guerra perdiéndolo todo. El viejo taller de zapatos del padre de la familia en pésimas condiciones edilicias fue el punto de partida de una empresa que conseguía la materia prima de los materiales desperdigados por los campos de batalla. Con eso se las ingeniaron al principio Adi y Rudi para montar la incipiente empresa.

Como suele suceder en muchos negocios donde dos o más personas se asocian, cada uno pone su especialidad al servicio de la causa y si las cosas están bien pensadas y lo que se ofrece es del agrado del consumidor, pues tendremos una empresa exitosa (permítanme la simplificación barata para explicar el punto).

El desarrollo del calzado deportivo fue la «veta» que encontraron los hermanos para hacer crecer su emprendimiento. Adolf era el diseñador de los modelos, mientras que Rudolf era el audaz y arriesgado vendedor que lograba buenos negocios.

La fábrica de los hermanos Dassler (sin otro nombre a la vista) comenzó a expandirse por el territorio germano y ganó el prestigio necesario como para llamar la atención de atletas de todo nivel.

Los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 fue la primera gran demostración del término «propaganda» en el deporte moderno. Adolf Hitler montó el escenario para demostrar la superioridad de la «raza aria» a través de las disciplinas olímpicas, la infraestructura de la ciudad (la parte que le interesaba mostrar) y no escatimó en gastos. El delirio de un estadio para 400.000 personas fue apenas el inicio de una serie de excentricidades montadas al servicio del régimen.

Josep Waizer, entrenador del equipo alemán de atletismo, consideró que los resistentes y duraderos calzados «con clavos» de la fábrica de los Dassler eran una buena opción y fue así que pasaron a ser parte del equipamiento oficial del equipo olímpico.

Pero los Dassler eran hombres de negocios y «la causa» era la familia. Es así que Adi se apersonó en la Villa Olímpica de Berlín y convenció a un tal Jesse Owens que usar su calzado con clavos mejoraría su rendimiento y lo haría llegar «más rápido, más alto y más fuerte» (lema oficial del espíritu olímpico).

Probablemente James les ganaba con cualquier calzado, pero el disgusto que le provocó al Fhürer aquellas cuatro medallas del estadounidense incluyeron el calzado diseñado y ofrecido por dos de sus hijos pródigos.

Los Juegos Olímpicos pasaron a ser historia y en 1939 Alemania invadió Polonia y estalló la Segunda Guerra Mundial.

Esto no fue ajeno a los Dassler.

Adolf a la izquierda y Rudolf a la derecha

Ambos fueron reclutados a pelear en el frente de batalla, cosa que por segunda vez tendría que hacer Rudolf, quien estuvo en el ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial. Mientras Rudolf estaba convencido que su lugar estaba acompañado de un fusil, Adolf evitó las trincheras y se hizo cargo de la fábrica que por orden del gobierno pasó primero a fabricar las botas de las tropas y luego cambió de rubro construyendo partes para tanques y misiles.

Ese desencuentro entre los hermanos se agravó tras el final de la Guerra. Adi logró salir impune de las acusaciones de colaboración con el nazismo y retomó el control de la empresa, mientras que Rudolf fue prisionero de los aliados.

Pese a ser liberado, Rudolf acusó a su hermano de haberlo entregado ante los aliados a cambio de su libertad y eso terminó de dividir a la familia y al pueblo.

Al norte del Río Aurach se encontraba la empresa de Adi, mientras que Rudolf y su familia se mudaron al sur, enemistando al pueblo por décadas.

Adi Dassler nombró a su empresa «Adidas» de manera informal, mientras que Rudolf le puso «Ruda».

Rudolf se dio cuenta que «Ruda» tenía menos pegada que Apollo Creed vs Ivan Drago, así que en 1948 fundó la marca PUMA. Un año más tarde Adolf formalizó ADIDAS y el impronunciable Herzogenaurach pasó a ser el campo de batalla.

Este pequeño pueblo fue conocido como «la ciudad de las vistas bajas», pues cada uno de los habitantes le miraba el calzado al que llegara caminando de frente para tener claro de qué lado estaba.

Está claro que Adolf corrió con la ventaja de iniciar la empresa con la fábrica y los empleados a su cargo ya conocidos. Sin embargo Rudolf logró emplear a los mejores del rubro con una única condición: no haber trabajado nunca en ADIDAS.

Esa costumbre se mantuvo por décadas y jamás un empleado o sus hijos se cambiaron de bando.

El pueblo pasó a tener dos equipos de fútbol y obviamente cada uno estaba vestido por una de las marcas.

La competencia fue feroz a todo nivel, pero la primera estocada fuerte la pegó Adidas cuando logró el contrato de vestimenta de la selección alemana de fútbol en su regreso a los mundiales en Suiza 1954. La calidad de sus prendas y el beneficio de sus zapatos con tapones intercambiables alimentó el mito de la empresa en la victoria de Alemania en el famoso partido conocido como «el milagro de Berna».

Adidas pasó a ser la marca de Alemania y se mantiene hasta nuestros días.

El paso del tiempo hizo que los hermanos delegaran tareas y Horst tomó el control de Adidas mientras que Armin el de Puma. Los sabotajes generados entre ellos fueron motivo para aumentar la rivalidad y generarle pérdidas al oponente.

En 1956 Horst logró detener un embarque de Puma rumbo a los Juegos de Helsinki y ningún atleta pudo lucir la marca del felino en las competencias.

En 1958 surgió un muchacho de 17 años que la rompió toda en el mundial de fútbol de Suecia. Las compañías empezaron a pagar fortunas por tener su imagen junto a ellas, pero los hermanos Dassler pactaron no pujar nunca por quien años más tarde fuera apodado «O Rei», Pelé.

Sin embargo Armin rompió con el pacto y le pagó U$S 125.000 para que entrara con los botines Puma con los cordones desatados al partido por cuartos de final del mundial de México 1970 contra Perú (Pelé inventó todo, incluyendo entrar con los botines sin atar).

O Rei le pidió al árbitro unos segundos para ajustar su calzado en el momento del saque inicial, tiempo suficiente para que las cámaras se detuvieran en él y todos nos enteráramos cual era la marca preferida del mejor de todos.

Mientras Pelé usaba Puma, Casius Clay bailaba en el ring gracias a sus botas Adidas. La pelota oficial de los mundiales de fútbol pasaron a ser Adidas desde 1970. La federación holandesa de fútbol firmó contrato con Adidas para vestir de la cabeza a los pies a los futbolistas de la Naranja Mecánica en Alemania 1974, sin embargo Cruyff firmó por puma y era el único que lucía zapatos diferentes al resto, destacándose de la manada.

Tras reinar en el mercado del deporte durante décadas, empresas como Nike o Reebok salieron a competir fuerte en el mercado y se quedaron con parte del botín de los hermanos Dassler. Ya en los años posteriores la muerte de Rudolf en 1974 y Adolf en 1978 las empresas pasaron a cotizar en la bolsa, y el control de los herederos se diluyó en el intricado mundo de las acciones y las posiciones plagadas de siglas que no vale la pena aclarar.

Adolf y Rudolf Dassler inventaron el negocio de la vestimenta en el deporte sin querer queriendo, como parte de la necesidad para sobrevivir de las penurias de una guerra, continuando con la tradición familiar.

Sus imperios los formaron luego de esquivarle a las balas y a los juicios luego de haberse alineado, convencidos o por la fuerza, con otro loquito con ideas expansionistas.

Los hermanos están sepultados en Herzogenaurach, manteniendo la tradición que ellos generaron en el pueblo: uno bien lejos del otro.

Obdulio usa Covadonga,

Obdulio son los Padres.

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